Revista FUEGO 171

Estimados socios y lectores, compañeros y amigos:

Otra edición de nuestra revista FUEGO y otro “empujón” para sacar adelante un ejemplar que condensa horas de esfuerzo, dedicación y muchas ganas de compartir y reflexionar.

Como habréis podido observar nuestra revista está teniendo en los últimos números un mayor número de páginas, lo que se debe a dos cuestiones fundamentales: una compensar los desfases en las fechas de edición y, sobretodo, porque nos llegan tantos artículos tan interesantes y se generan tantos contenidos tan necesitados de divulgación que nos es difícil no incluirlos.

A este reto se está enfrentando de manera muy singular y con un encomiable tesón nuestro vocal en la Junta Directiva Daniel Benjumea. Tesón que, en su caso, va siempre aderezado con mucha capacidad, buen juicio y mayor paciencia. Gracias “Dani”.

Como podréis comprobar en las páginas siguientes que se abren tras este Editorial, los contenidos de esta edición de la revista son variados, muy interesantes y de gran calado técnico y profesional.

También se debe resaltar la importancia que le hemos dado a la divulgación de determinados eventos de tipo histórico así como a los de tipo técnico en los que hemos participado (es más, propuesto y organizado).

En el primer caso, debemos tener claro que si uno quiere saber hacia dónde va, primero debe saber de dónde viene y dónde está. Por eso las iniciativas de conmemoración que se están llevando a cabo con respecto al incendio de la Ciudad de Santander nos parecen un ejercicio de memoria (de buena memoria) que reconoce y valora situaciones, personas y circunstancias especiales.

En el segundo caso, me refiero a las Jornadas que hemos llevado a cabo en el SICUR sobre el desarrollo de una normativa reguladora común para los “Servicios de Extinción de Incendios y Salvamento” y sobre el marco y aplicación de la normativa de prevención de riesgos laborales en los servicios operativos de protección civil y emergencias.

Y en relación al resultado de estas últimas jornadas del SICUR y teniendo en cuenta el éxito que han sido, sí que me gustaría detenerme y hacer una pequeña reflexión (muy personal, todo hay que decirlo) a modo de conclusión inicial sobre las mismas.

Las jornadas han sido muy intensas: por contenido, por duración, por el trabajo previo de organización, por los diferentes enfoques e intereses de las organizaciones que participábamos, por los diferentes perfiles de los representantes de estas mismas organizaciones, etc…

En fin, por multitud de factores que si no hubiera sido por la altura de miras que requiere la situación actual y por la necesidad de consenso sentida por todas las partes no habría habido la suficiente generosidad por parte de todos para generar un foro como el que hemos tenido en el SICUR.

Ha sido un foro abierto (mejor dicho dos), de exposición y de debate, donde cada uno ha tratado de aportar su punto de vista y, lo que es más importante, intentar participar en la elaboración de una “hoja de ruta” y de una estrategia COMÚN en temas tan transversales.

Además, toda la información generada se ha puesto a disposición de todos los posibles interesados de manera abierta y sin cortapisas y, donde muchos de los participantes se han podido sentir representados, identificados y escuchados.

Pero como en todo siempre hay algún pero, hay actitudes y formas de proceder que por sí solas se descalifican. No obstante, como si creo haber recogido el sentir de la gran mayoría de los que hemos participado, me veo en la

obligación de decirlo en alto: sobran exaltados y maleducados “asamblearios” que no saben ni tan siquiera guardar

el turno de palabra; sobran “supermanes” ostentadores de verdades absolutas incapaces de hacer un esfuerzo por entender otros argumentos y confrontarlos sustentadamente; sobran “llaneros solitarios” y “ególatras” que se creen que los cambios los hacen ellos solos –porque son imprescindibles– y en solitario; sobran los arribistas que sólo “reman” con el resto si sacan beneficio propio y, normalmente, parasitando y/o dinamitando los esfuerzos y compromisos colectivos; sobran manipuladores e interesados que cuando no les conviene lo que se plantea comunican de manera desleal y faltando a la verdad; sobran los recién llegados que con buenas intenciones pero con poca humildad y desconociendo los métodos, el medio y las herramientas desmerecen el trabajo y la experiencia de muchos otros; sobran los miopes que sólo quieren ver el problema cuando les afecta y sobran los interesados que sólo quieren y buscan la solución que se adapta a los problemas de su organización sin tener en cuenta el conjunto y la globalidad de las circunstancias. Por poner algunos ejemplos.

Lo que está claro, me repito, es que para saber hacia dónde uno quiere ir debe saber dónde está y de dónde viene y, en ASELF, desde el año 1959 y gracias al esfuerzo y compromiso de muchas personas (con sus aciertos y errores), no se ha hecho otra cosa que tratar de estar donde se necesitaba de forma serena, reflexiva, con vocación de servicio e independencia y, fundamentalmente, sin más interés que hacer que las cosas salgan adelante por el bien común.

Pablo Gárriz Galván

Presidente

 

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