REVISTA FUEGO 010

Cuarto trimestre 1998

La formación ha sido históricamente el caballo de batalla de los bomberos españoles, pero ha sido un caballo cojo. Va llegando a su paso y no siempre para todos. Los que peinamos canas podemos recordar los esfuerzos de ASELF por crear unos textos (a partir de la traducción de los franceses) o por enviar las personas más representativas a las escuelas de bomberos de países próximos para aprender y observar. Francia, Italia y Gran Bretaña son testigos de las andanzas de miembros de ASELF.

En el XII Congreso de Logroño, en 1998, parecía que la Dirección General de Protección Civil iba por nuestro anhelado camino, pero inmediatamente vimos que de no tener ninguna escuela de Bomberos, se corría el riesgo de tener una por autonomía y sin ningún elemento coordinador. Las escuelas que funcionan ahora son absolutamente independientes, tienen programas y textos propios y asumen toda la carrera del bombero, con lo que un cabo de un servicio puede tener una formación absolutamente diferente de otro cabo del servicio vecino. Las competencias administrativas privan sobre la homogeneización de la formación, y suerte los que pertenecen a un servicio grande, porque alguien piensa y se dedica a formar a sus compañeros. Pero, y ¿el resto? Los bomberos profesionales o voluntarios de pequeñas ciudades que no están encuadrados en un servicio de mayor ámbito, o los pequeños servicios provinciales o consorcios, a estos, ¿quién les da formación?, y si por suerte, sus responsables consiguen una partida  para un curso ¿quién lo imparte?, ¿es lo que necesita el personal operativo? En los últimos años, y ante la falta de iniciativa de la Administración, las empresas de formación del país han creado programas para impartirlos en los cuerpos de bomberos cubriendo así una necesidad perentoria, pero estamos descubriendo que a los bomberos les gusta que les enseñen los propios bomberos, con experiencias comunes y con un punto de realidad del que a veces con buena voluntad y grandes conocimientos carecen algunos formadores. Observando el programa de XVII Congreso se puede ver que ASELF apuesta por la participación y pone en marcha unos «talleres» que son, en el fondo, prácticas ordinarias, de las que tanto se necesitan para dominar las técnicas del salvamento y de las intervenciones. Un mínimo de exposición técnica y una ejecución del ejercicio bajo el control del instructor, que, en este caso, es otro bombero, sea cual sea su graduación. ASELF lleva años haciendo pequeñas cosas de formación pero quizás se ha de implicar más, y la Comisión de Formación de la Junta de Gobierno, debe profundizar en este tema y por varias razones:

  • Porque somos bomberos y necesitamos actual izar la formación.
  •  Porque como Junta de Gobierno tenemos obligaciones hacia los asociados.
  •  Porque ante la falta de una idea común de formación, una asociación de ámbito estatal parecería la idónea para liderar esta actividad entre el personal operativo de los cuerpos de bomberos.

Desde esta líneas pido ideas y compromisos de actuación en este campo. Los talleres del Congreso de Zaragoza nos pueden dar la pauta a seguir, sin quitar a los Servicios la responsabilidad de la formación básica de su personal en los niveles de intervención de su territorio. José Luis Martínez Garrido

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